¿Son buenos los psicólogos en práctica? Mi experiencia clínica en la PUCV

Iniciar un proceso de terapia genera muchas dudas. Cuando el presupuesto es acotado, las clínicas universitarias aparecen como una de las principales opciones gratuitas, pero surge un temor muy común: ¿Dejaría mi salud mental en manos de alguien que aún no se titula?

Para responder a esto con total honestidad, quiero remontarme al año 2024, cuando realicé mi práctica en la Clínica Psicológica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV). Hoy quiero contarte desde adentro cómo funciona este sistema y por qué el prejuicio del «practicante improvisado» está muy lejos de la realidad.

¿Qué temas se pueden tratar?

La Escuela de Psicología de la PUCV aborda una enorme diversidad de motivos de consulta que se dividen según los distintos enfoques clínicos. Durante mi paso por la institución, nos tocó atender realidades muy variadas: desde quiebres de pareja y dinámicas de autoexigencia, hasta problemas en relaciones sociales, desafíos laborales, de autoestima y crisis económicas.

Durante el periodo en que realicé mi práctica, los casos de mayor complejidad eran asignados a alumnos de quinto año y de postgrados. Además, debes saber que toda la atención se rige desde un comienzo bajo un estricto consentimiento informado, conocido y firmado por ambas partes, donde las reglas del juego quedan totalmente transparentes.

¿Van a experimentar contigo?

La respuesta ante esta duda común es un no, ya que no se trata de experimentar con pacientes, sino de poner en práctica el conocimiento teórico y las habilidades terapéuticas para el beneficio del consultante. En mi caso, como estaba en el contexto de cuarto año, nos tocaba trabajar en duplas terapéuticas. Mientras un estudiante asumía el rol activo dentro del box, el compañero se encargaba de tomar apuntes detallados al otro lado del espejo unidireccional para poder analizar la teoría en las post-sesiones.

Sobre este espacio, debes saber que las primeras sesiones de cada tratamiento se realizan en esta sala espejo. Todo el curso y los docentes observan la atención en vivo para luego, en comunidad, hacer una lluvia de ideas y estructurar la mejor estrategia posible. Sin querer vanagloriar a mi curso, encuentro que mis compañeros siempre tenían excelentes ideas y reflexiones.

A esto se suma que siempre hay un supervisor a cargo (un psicólogo titulado y con trayectoria) que suele ser el profesor del ramo. En mi experiencia, contamos con dos docentes que se dividían la guía de los casos. Por lo tanto, aunque en la vida real el riesgo cero no existe, las probabilidades de que te toque una mala atención se reducen, debido a toda la retroalimentación de los otros profesionales en formación y la supervisión clínica constante de los profesores.

¿Qué pasa si terminadas las sesiones necesito continuar?

¡No te preocupes! Si el año académico termina y el tratamiento lo requiere, se suele invitar formalmente al paciente a seguir el próximo año, aunque lo común es que el proceso continúe con los futuros practicantes.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en mi caso. Al principio de la práctica, mi rol en la dupla era el de registrar los datos, pero debido a un cambio de horarios de nuestro paciente, asumí el rol de terapeuta principal dentro del box con un nuevo consultante. Como el semestre ya iba avanzado, pudimos realizar algunas sesiones antes del cierre definitivo en diciembre, y la persona quedó invitada a iniciar un nuevo ciclo al año siguiente.

Esta experiencia también es profundamente valiosa para los terapeutas en formación. A mí me permitió no sólo bajar a la realidad el enfoque postracionalista, sino también ir puliendo esas habilidades humanas que hacen a un buen terapeuta: la escucha activa, la empatía, el manejo de los silencios, la intuición de saber cuándo preguntar y la flexibilidad para adaptarse a los distintos problemas que van surgiendo dentro del proceso terapéutico.

¡Pero la PUCV no es la única!

En Viña del Mar y la Región de Valparaíso, otras casas de estudio como la UV, la UNAB o la UVM cuentan con sus propias clínicas. Estos espacios son de los pocos servicios psicológicos completamente gratuitos o de bajísimo costo que existen —a mí no me pagaron por lo menos 😅—, por lo que si hoy no tienes recursos, pero quieres iniciar una terapia, te animo a acudir y aprovechar estos soportes comunitarios.

Sin embargo, no todo es color de rosa. El gran problema de estos servicios gratuitos es que, por la alta demanda de salud mental en Chile, suelen sufrir de sobrecupo y largas listas de espera.

Comprendiendo esa realidad, hoy, ya establecido con mi propia consulta privada, he decidido mantener vivo ese compromiso social dentro de mis posibilidades. Es así como actualmente ofrezco atención psicológica en modalidad online para todo el país y presencial en el centro de Viña del Mar, abriendo cupos especiales con un arancel diferenciado para estudiantes a $15.000 por sesión, además de precio Fonasa para público adulto. Puedes agendar tu hora conmigo directamente a través de mi perfil de Encuadrado.

Y bueno, tú que estás leyendo esto, ¿te atendiste en algún momento con algún alumno en práctica o estás pensando en hacerlo? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios!

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